20 octubre, 2015 - No Comments!

¿Debate, debate dramatizado o tertulia-ficción?

En el año 1957 el periodista argentino Rodolfo Walsh publicó "Operación Masacre", una novela que siguiendo los cánones del relato periodístico en lugar de los de la novela clásica, relataba el fusilamiento de varios civiles en medio de un golpe militar en la Argentina. La novela fue una verdadera bomba.

Walsh no lo sabía, pero con su novela estaba iniciando una revolución en el mundo de la literatura a la que pocos años más tarde daría carta de naturaleza Truman Capote con su "A Sangre Fría", una novela en la que siguiendo al argentino, dio a conocer para el gran público una corriente rompedora tanto en el periodismo como en literatura que buscaba aunar el rigor del periodismo con la novela y en la que también tomó partido Gabriel García Márquez con su "Noticia de un secuestro".

Pues bien, el pasado domingo tuvimos la rara oportunidad de  asistir al nacimiento de un nuevo género en el debate-dramatizado o la tertulia-ficción entre Albert Rivera y Pablo Iglesias  producido por Jordi Évole para La Sexta. No era un debate puro en directo ni una serie de ficción, era una mezcla de ambos géneros brillantemente pensada y producida para su consumo televisivo.

La fórmula Évole fue un éxito indiscutible, más de 5 millones de personas lo siguieron en directo y se supone que otro tanto ha podido ver imágenes del mismo en otros programas, convirtiéndose con un 25% de share en el programa que más audiencia ha captado en la la historia de la cadena, y acercando la figura de los dos políticos emergentes a cientos de miles de personas que hasta ahora no habían podido verles defendiendo sus ideas fuera de los entornos televisivos clásicos, como son la entrevista o la tertulia.

La fórmula Évole también ha sido un éxito de crítica en medios y redes, y creo que hay que felicitarle por haber conseguido modernizar un formato como los debates políticos, en el que los miedos de los partidos y candidatos cristalizaban en un conjunto de rigideces y reglas absurdas que hacían de los mismos un engendro aburrido e imposible para el ciudadano medio.

Felicitemos por tanto a Évole y a su cadena por acercar la política a un buen número de personas, que sin duda no habrían aguantado un debate tradicional con sus encorsetamientos, espacios en blanco, errores, candidatos sudorosos, bocas secas e ideas poco felices, pero...  a pesar de que uno confíe en la honorabilidad de Évole y su equipo... siempre nos quedará la duda de qué hubiera pasado de haberse producido en directo y sin la magia de la postproducción de por medio.

 

 

Published by: César Calderón Avellaneda in Comunicación

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